21 de mayo de 2012

LA EVOLUCIÓN DE LA BURGUESÍA (I), DE LAS PIEDRAS A LA HISTORIA


Los cementerios suelen ser un documento histórico de primer orden donde aparecen nombres que  quizá ahora ya no nos suenan, pero que en su momento fueron importantes y ocuparon un puesto relevante. Eso sí, sus páginas son las lápidas o los panteones de piedra o mármol. Y es precisamente en nuestros cementerios donde una determinada clase social, aquella burguesía industrial y mercantil de los dos últimos tercios del s.XIX refleja su status y cuando su reconocimiento y ostentación llega a su máxima exaltación. 
Como expresa el excelente libro de Elisa Martí, "Un passeig pel cementiri del Poblenou": "... els cementiris tenen vocació de posteritat, és a dir, no es construeixen només per ser part de la memòria del present, de la memòria de una comunitat,  sinó també per compartir el seu futur"*
Sólo hace falta asomarse al Departamento II de "nuestro cementerio" para darse cuenta de como esa clase burguesa, nacida en la competencia y la audacia en los negocios, pero que en la mente de los ilustrados era una clase igualitaria frente a los linajes y estirpes de la nobleza, repetía aquella misma propensión a la ostentación y a la pompa, también cuando ésta era fúnebre. 
Al principio, la referencia en la lápida del negocio del difunto, da ya una idea de su posición social, como el hecho mismo de estar individualizada y distinguirse de los enterramientos colectivos y las fosas comunes. Pero eso sólo sería el primer paso para dar ese gran salto que significa el Departamento II y sus  panteones y capillas que en pocos años llenaron la ampliación del cementerio. Es más, el siguiente salto ya transciende los muros de "nuestro cementerio"  y llega hasta la falda de Montjuic, donde en 1883 se inaugura el nuevo cementerio de Barcelona , que a partir de ahora será el preferido por la clase burguesa, que aún vive la "fiebre de oro", para construir como última morada sus ricos panteones, con los mejores marmolistas, arquitectos y escultores.
Si traspasamos el pórtico de la entrada del Cementerio del Este y giramos a la derecha, veremos en el suelo esta losa en la que hay escrito SEPULTURA DE GABRIEL BONAPLATA FABICANT DE YNDIANAS ANY 1819.
Gabriel Bonaplata Roig descansa al lado de la tumba de Esteva Guilla, influyente personalidad de la Junta de Comercio de Barcelona de principios del s. XIX, lo que nos sugiere una estrecha relación personal y profesional. La fecha de 1819, en contra de lo que en un primer momento nos podría indicar, no se corresponde a la de su muerte sino a la adquisición de la sepultura en el recién inaugurado cementerio. Su aspecto y situación es el mismo del de las losas que podríamos encontrar en las parroquias.
Gabriel era hermano de Ramón Bonaplata Roig y ambos se dedicaban por separado a la industria de la estampación a mano de tejidos de algodón, telas denominadas indianas. Seguramente también lo haría su hermano Geroni, pues el nombre de los tres aparecen en 1804 firmando una carta dirigida al rey Carlos IV donde se quejan del contrabando inglés en América junto a la competencia de las fábricas de Méjico, lo que es "motivo de las ruinas de sus fábricas, especialmente grave para la masa obrera" al perjudicar sus exportaciones. Eran hijos de Geroni Bonaplata Calafell, fabricante de medias de seda. Gabriel murió en 1834 y tuvo dos hijos en segundas nupcias.
Ramón Bonaplata murió en 1833 y su descendencia fue la que cimentó la fama de su saga. Su hijo, Salvador Bonaplata Curriol, el "hereu", seguirá con el negocio de fabricación estampados de su padre,  llegando a ser presidente de la comisión de fábricas del ramo, y también participando de los negocios de su hermano Josep. 

Josep Bonaplata Curriol, el segundo de los hermanos y el más resuelto de la familia, se irá, junto a Joan Rull, a Inglaterra para conocer directamente la última tecnología en los talleres de hilaturas y tejidos, lo que dará origen a la constitución de la primera fábrica del Estado que utilizaba el vapor en 1832, la sociedad "Bonaplata, Rull, Vilaregut i Compañía" (conocida popularmente como el Vapor Bonaplata). La pesada maquinaria era de hierro colado por lo que también se propuso crear una fundición para la creación y reparación de piezas. La fábrica, situada en la calle Tallers, no iniciará su actividad hasta finales de 1833 por las trabas que otros fabricantes pusieron al proyecto. El Vapor Bonaplata no sólo originó la envidia entre sus colegas sino también la crispación de la clase trabajadora que con la mecanización se veían abocados a la miseria, en concreto la gran cantidad de ellos que trabajaban a domicilio. Así, el 5 de Agosto de 1835, una multitud , en medio de las "bullangues" de aquel año, salen del barrio de la Barceloneta detrás de una bandera negra ( símbolo de la lucha hasta la muerte) y un tambor batiente. Durante aquella noche son quemadas la fábrica de la calle Tallers y la que se dedicaba al blanqueo de tejidos de Joan Vilaregut en Gracia, lo que se considera uno de los mayores "actos luditas" (destrucción de máquinas) de protesta del Estado y el comienzo tumultuoso del movimiento obrero.
Josep dejará Barcelona y se instalará en Madrid donde abrirá una fundición en la que participaran sus hermanos Ramón y Narcís, para morir en 1834. Narcís se trasladará a Sevilla donde abre un negocio similar. 
Salvador Bonaplata Curriol, casado dos veces, tuvo 15 hijas y tres varones, el primero, Ramón Bonaplata Nadal dejó pronto sus negocios después de que en 1843  fuera secuestrado por un grupo de las bullangas de la Jamancia, dedicándose como hacendado a sus tierras y también a la política, siendo regidor del Ayuntamiento y diputado. De ambos, del padre que murió en 1855 y del hijo que lo hizo en 1869,  es la tumba del Departamento II, uno de los arco capilla que lo enmarcan. De  Salvador no pone el segundo apellido, pero por lógicas de composición, lo más razonable es que sea él.
El segundo de sus hijos, Salvador Bonaplata Nadal continuaría con la fabricación de estampados dándole un impulso y ubicaría en Sant Martí de Provençals una fabrica de cretonas, Can Bonaplata, en la Ctra. de Mataró 314 (actual PereIV).  A su muerte en 1884 la empresa queda a nombre de "Hijos de Salvador Bonaplata", de él debe ser el panteón de Montjuic, y aquí  se cumple el salto  del que hablabamos al principio. En su tumba tampoco se utiliza el segundo apellido, quizás ya convencido de que el apellido Bonaplata se había convertido en una marca y ocupaba un meritorio lugar dentro de la mitología de la burguesía industrial de finales del siglo XIX.

* "... los cementerios tienen vocación de posteridad., es decir, no se construyen sólo por ser parte de la memoria del presente, de la memoria de una comunidad, sino también para compartir su futuro "