21 de mayo de 2012

LA EVOLUCIÓN DE LA BURGUESÍA (I), DE LAS PIEDRAS A LA HISTORIA


Los cementerios suelen ser un documento histórico de primer orden donde aparecen nombres que  quizá ahora ya no nos suenan, pero que en su momento fueron importantes y ocuparon un puesto relevante. Eso sí, sus páginas son las lápidas o los panteones de piedra o mármol. Y es precisamente en nuestros cementerios donde una determinada clase social, aquella burguesía industrial y mercantil de los dos últimos tercios del s.XIX refleja su status y cuando su reconocimiento y ostentación llega a su máxima exaltación. 
Como expresa el excelente libro de Elisa Martí, "Un passeig pel cementiri del Poblenou": "... els cementiris tenen vocació de posteritat, és a dir, no es construeixen només per ser part de la memòria del present, de la memòria de una comunitat,  sinó també per compartir el seu futur"*
Sólo hace falta asomarse al Departamento II de "nuestro cementerio" para darse cuenta de como esa clase burguesa, nacida en la competencia y la audacia en los negocios, pero que en la mente de los ilustrados era una clase igualitaria frente a los linajes y estirpes de la nobleza, repetía aquella misma propensión a la ostentación y a la pompa, también cuando ésta era fúnebre. 
Al principio, la referencia en la lápida del negocio del difunto, da ya una idea de su posición social, como el hecho mismo de estar individualizada y distinguirse de los enterramientos colectivos y las fosas comunes. Pero eso sólo sería el primer paso para dar ese gran salto que significa el Departamento II y sus  panteones y capillas que en pocos años llenaron la ampliación del cementerio. Es más, el siguiente salto ya transciende los muros de "nuestro cementerio"  y llega hasta la falda de Montjuic, donde en 1883 se inaugura el nuevo cementerio de Barcelona , que a partir de ahora será el preferido por la clase burguesa, que aún vive la "fiebre de oro", para construir como última morada sus ricos panteones, con los mejores marmolistas, arquitectos y escultores.
Si traspasamos el pórtico de la entrada del Cementerio del Este y giramos a la derecha, veremos en el suelo esta losa en la que hay escrito SEPULTURA DE GABRIEL BONAPLATA FABICANT DE YNDIANAS ANY 1819.
Gabriel Bonaplata Roig descansa al lado de la tumba de Esteva Guilla, influyente personalidad de la Junta de Comercio de Barcelona de principios del s. XIX, lo que nos sugiere una estrecha relación personal y profesional. La fecha de 1819, en contra de lo que en un primer momento nos podría indicar, no se corresponde a la de su muerte sino a la adquisición de la sepultura en el recién inaugurado cementerio. Su aspecto y situación es el mismo del de las losas que podríamos encontrar en las parroquias.
Gabriel era hermano de Ramón Bonaplata Roig y ambos se dedicaban por separado a la industria de la estampación a mano de tejidos de algodón, telas denominadas indianas. Seguramente también lo haría su hermano Geroni, pues el nombre de los tres aparecen en 1804 firmando una carta dirigida al rey Carlos IV donde se quejan del contrabando inglés en América junto a la competencia de las fábricas de Méjico, lo que es "motivo de las ruinas de sus fábricas, especialmente grave para la masa obrera" al perjudicar sus exportaciones. Eran hijos de Geroni Bonaplata Calafell, fabricante de medias de seda. Gabriel murió en 1834 y tuvo dos hijos en segundas nupcias.
Ramón Bonaplata murió en 1833 y su descendencia fue la que cimentó la fama de su saga. Su hijo, Salvador Bonaplata Curriol, el "hereu", seguirá con el negocio de fabricación estampados de su padre,  llegando a ser presidente de la comisión de fábricas del ramo, y también participando de los negocios de su hermano Josep. 

Josep Bonaplata Curriol, el segundo de los hermanos y el más resuelto de la familia, se irá, junto a Joan Rull, a Inglaterra para conocer directamente la última tecnología en los talleres de hilaturas y tejidos, lo que dará origen a la constitución de la primera fábrica del Estado que utilizaba el vapor en 1832, la sociedad "Bonaplata, Rull, Vilaregut i Compañía" (conocida popularmente como el Vapor Bonaplata). La pesada maquinaria era de hierro colado por lo que también se propuso crear una fundición para la creación y reparación de piezas. La fábrica, situada en la calle Tallers, no iniciará su actividad hasta finales de 1833 por las trabas que otros fabricantes pusieron al proyecto. El Vapor Bonaplata no sólo originó la envidia entre sus colegas sino también la crispación de la clase trabajadora que con la mecanización se veían abocados a la miseria, en concreto la gran cantidad de ellos que trabajaban a domicilio. Así, el 5 de Agosto de 1835, una multitud , en medio de las "bullangues" de aquel año, salen del barrio de la Barceloneta detrás de una bandera negra ( símbolo de la lucha hasta la muerte) y un tambor batiente. Durante aquella noche son quemadas la fábrica de la calle Tallers y la que se dedicaba al blanqueo de tejidos de Joan Vilaregut en Gracia, lo que se considera uno de los mayores "actos luditas" (destrucción de máquinas) de protesta del Estado y el comienzo tumultuoso del movimiento obrero.
Josep dejará Barcelona y se instalará en Madrid donde abrirá una fundición en la que participaran sus hermanos Ramón y Narcís, para morir en 1834. Narcís se trasladará a Sevilla donde abre un negocio similar. 
Salvador Bonaplata Curriol, casado dos veces, tuvo 15 hijas y tres varones, el primero, Ramón Bonaplata Nadal dejó pronto sus negocios después de que en 1843  fuera secuestrado por un grupo de las bullangas de la Jamancia, dedicándose como hacendado a sus tierras y también a la política, siendo regidor del Ayuntamiento y diputado. De ambos, del padre que murió en 1855 y del hijo que lo hizo en 1869,  es la tumba del Departamento II, uno de los arco capilla que lo enmarcan. De  Salvador no pone el segundo apellido, pero por lógicas de composición, lo más razonable es que sea él.
El segundo de sus hijos, Salvador Bonaplata Nadal continuaría con la fabricación de estampados dándole un impulso y ubicaría en Sant Martí de Provençals una fabrica de cretonas, Can Bonaplata, en la Ctra. de Mataró 314 (actual PereIV).  A su muerte en 1884 la empresa queda a nombre de "Hijos de Salvador Bonaplata", de él debe ser el panteón de Montjuic, y aquí  se cumple el salto  del que hablabamos al principio. En su tumba tampoco se utiliza el segundo apellido, quizás ya convencido de que el apellido Bonaplata se había convertido en una marca y ocupaba un meritorio lugar dentro de la mitología de la burguesía industrial de finales del siglo XIX.

* "... los cementerios tienen vocación de posteridad., es decir, no se construyen sólo por ser parte de la memoria del presente, de la memoria de una comunidad, sino también para compartir su futuro "

13 de febrero de 2012

GUÍA CICERONE DEL CEMENTERIO DEL ESTE

Partiendo de la denominada "Ruta del Cementiri del Poblenou", que se ocupa de las tumbas más destacables, principalmente por sus valores escultóricos y/o arquitectónicos, he confeccionado esta GUÍA CICERONE DEL CEMENTERIO DEL ESTE  para que sirva de orientación visual a sus visitantes o, en todo caso, para aquellos que no puedan realizar una visita "in situ".
Claro que el Cementerio tiene otras lecturas, otros recorridos y esta misma guía puede ser más amplia y completa.

29 de diciembre de 2011

SOBRE LAS SIMBOLOGÍAS DE GINESI EN EL CEMENTERIO

Vale la pena volver sobre el tema de las "simbologías" en la arquitectura de Ginesi, representadas en el Cementerio del Este y profundizar más sobre sus “posibles referencias masónicas”*, y aunque sobre la hipotética relación de Ginesi con la masonería nadie puede tener la certeza ni a favor ni en contra , el tema sí que reclama mejor desarrollo. 
Como ya hemos  repetido en este blog, el arquitecto Antonio Ginesi (1790 - 1824), vice-cónsul del gran Ducado de Toscana fue el encargado en 1818 de construir el Cementerio del Este, sobre el mismo terreno que había ocupado el anterior,destruido por las tropas napoleónicas y lo hace  inspirado  en un cementerio como el de Livorno.
Siguiendo un estilo neoclásico, Ginesi tiene el atrevimiento de  romper el canon académico en una obra sufragada por la Iglesia, al añadir elementos esotéricos del Antiguo Egipto. Y digo atrevimiento pues al joven arquitecto le llovieron las críticas desde los más diversos ámbitos. Muy de joven  Ginesi viaja por Grecia y Egipto estudiando su arquitectura lo que le dota del talento para escribir con sólo 23 años su “Nuovo corso d’architettura civile… “(Florencia, 1813).


En 1814 parece que ya se estableció en Barcelona, pues otras fuentes dan la fecha de 1815.  Son tiempos en los que Fernando VII restaura el absolutismo, persigue a liberales y constitucionalistas, restableciendo la temida Inquisición.
Sólo  empezar el  1815 se promulga un edicto que prohibía y condenaba a la masonería. Ante esta situación de persecución prácticamente desapareció toda actividad de las logias y a título individual sus simpatizantes guardaban total discreción de sus simpatías. En 1818, Antonio Ginesi que se encontraba en Barcelona como vice-cónsul de la Toscana es encargado por el Obispo Sitjar de construir el nuevo cementerio en detrimento de otros arquitectos más afamados como Antoni Celles, con quien Ginesi tendrá una larga y agria polémica en las páginas del Diario de Barcelona

Ginesi construye dos pirámides en la fachada a pocos metros y a ambos lados de la entrada principal. Pero no son estructurales sino un adorno plano que las sugiere, de hecho son triángulos equiláteros, un símbolo esotérico para la masonería pero también para el Antiguo Egipto y el cristianismo. En su interior ese ojo (el que todo lo ve) que según una lectura más académica “no es más que un vano para iluminar el interior, idénticos a los que pueden verse en infinidad de diseños de la época”. Pero aquí su funcionabilidad sería más bien estética pues está cubierto en su interior.
A principios del siglo XIX  con la campaña napoleónica de Egipto, se puso de moda la antigua simbología de aquel país y fueron bastantes los arquitectos que incluyeron a la pirámide como elemento en sus proyectos funerarios.
Otros símbolos aparecen en la capilla situada en la otra parte del cementerio que Ginesi acabó, en su fachada rematada por un doble frontón. Se trata del “Uroboros”, la serpiente que se muerde la cola, símbolo egipcio de la eternidad. Un símbolo que Cagliostro, alto masón, adoptó como símbolo secreto y que Ginesi según un dibujo repetía originalmente en su proyecto de la fachada de la entrada principal. También por encima, el triángulo isósceles  con los haces de luz resplandecientes, aunque en la reconstrucción parece que se dejaron el ojo. Todos ellos, símbolos compartidos por “creencias paganas o religiosas”, que hacen imposible  llegar a una conclusión definitiva.
Fachada de la Capilla del Cementerio del Este proyectada por Ginesi.
Símbolos también utilizados por la Masonería
Aparte de esos elementos construidos en vida de Ginesi no nos podemos hacer una idea exacta de su proyecto inicial pues su prematura muerte puso en otras manos  su finalización, y es más se perdió su documentación original (!).En 1821 arriban a Barcelona un gran número de inmigrantes italianos, masas de fugitivos de las revoluciones carbonarias fracasadas del Piamonte y Nápoles. No sé si Ginesi, diplomático y hombre ilustrado tendría algún contacto con ellos.También es en este Trienio Liberal cuando la masonería reaparece con fuerza en los medios políticos y se constituyen nuevas logias, tampoco parece que el nombre de Ginesi aparezca en la historiografía que trata el asunto. Pero Ginesi era un hombre discreto, del que el Diario Constitucional de Barcelona a propósito de las alabanzas a su capilla comentaba: “ha querido esconder sus talentos hasta sus más íntimos amigos, y se ha sepultado en el olvido hasta cuasi el presente día, después de haber sido pocos años atrás la admiración de Italia.”

Parte trasera de la Capilla con su peristilo  y el característico suelo "a cuadros".

Escasas fueron  las obras de Ginesi, se tiene noticias de un palacete situado detrás de la Iglesia  de Santa Mónica, desaparecido hace años, y de que también fue el artífice del Templo a la Libertad**, del Pla de Palau, inaugurado a  finales del Trienio Liberal, con una función pedagógica y simbólica de exaltación del liberalismo a través de los nuevos mártires, básicamente militares muertos o sacrificados en su batalla contra el despotismo.
El Templo, situado en el centro de la plaza de la Constitución sería arrasado al poco con la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luís que restablecerían el poder absoluto de Fernando VII.
También sería ya en 1823 cuando Ginesi tiene que abandonar aquella discreción de la que hablaba aquel periódico para desde otro, el Diario de Barcelona, defenderse de los ataques furibundos de Antonio Celles, máximo exponente de la arquitectura académica.
Ante las acusaciones de cismático, de mal gusto y  de mestizo egipcio-greco-romano, Ginesi se defiende y aboga por lo ecléctico: "vivimos felices días en que las naciones son mutuamente discípulas y maestras, y atentas sólo al grande objeto de la ilustración universal, parece que intentan borrar los límites con los que la casualidad las dividió” y por momentos en su discurso aparece ese espíritu que nos hace “imaginar” hipótesis,  aunque de hecho las ideas mismas, como aquellos países de los que recogió inspiración Ginesi, ya son vasos comunicantes y  más cuando coinciden en el tiempo.

Ginesi murió en  1824, a la edad de 33 años, siendo enterrado en el mismo Cementerio del Este***. 

* Xavi Casinos en su obra "Passejades per la Barcelona maçònica" nos dice que: "En la fachada principal del cementerio del Poblenou encontramos uno de los símbolos de inspiración egipcia más vinculados con la masonería: dos formas piramidales a ambos lados de la entrada con unas oberturas en forma de ojo cerca del vértice superior. Es el ojo que todo lo ve -en términos masónicos- sobre la pirámide, una representación que se puede encontrar en las logias...", no sin antes "puntualizar que no hay ninguna constancia documental de que Ginesi fuese masón" y añadir que: "Uno de los primeros en adaptar la simbología egipcia a la masonería fue Giuseppe Bálsamo, más conocido como Cagliostro. Aventurero y charlatán, el italiano se instaló en Barcelona en 1768 protegido por el capitán general, el conde de Ricla. En su estancia en la capital de Cataluña residió en el entonces famoso Hostal del Sol, en la calle del barrio de Ribera que hoy lleva este nombre. Durante el tiempo que permaneció en Barcelona fundó algunas logias de las que no ha quedado constancia documental."
** “En la Plaça de Palau se construye un Templo de la Libertad, algo muy en la lógica republicana. Al parecer estaba decorada con motivos masónicos” (“Barcelona rebelde: guía histórica de una ciudad”, Guillem Martínez, pág.163)
 ***Por las fuentes no se llega a una conclusión sobre donde en concreto fue enterrado o acabó siendo sepultado Ginesi. Si bien quizás sea cierto lo que se dice en el libro “Un passeig pel Cementiri de Poblenou” ,de que sus restos ocuparon un lugar en la capilla, otros lo sitúan en uno de esos nichos igualitarios.

20 de diciembre de 2011

EL PRIMER CEMENTERIO...

La inauguración en 1775 del Cementerio del Este de Barcelona, como elemento separado de las parroquias, siguiendo las costumbres higienistas, lo convierte en el más antiguo del país, diez años antes del de San Ildefonso (Segovia) y doce de la Real Cédula que lo establece como norma en todos los "territorios del reino".

Josep Climent i Avinent, Obispo de Barcelona (1706-1781).

Josep Climent i Avinent, obispo de Barcelona del 1766 al 1775,  propuso la realización de un cementerio alejado de la ciudad, fuera de sus murallas, y que fuese común a todas sus parroquias. La primera idea surge en 1768 cuando consigue del monarca Carlos III unos terrenos que habían expropiados a los jesuitas, expulsados de España un año antes.
Climent, considerado como “ilustrado” por muchos historiadores, es un personaje complejo, alterna ideas “modernas” para su época con su profundo y estricto “reformismo”, que le lleva a criticar al racionalismo y enciclopedismo francés, al que califica como “hez de los siglos”, y que con su rigidez moral le lleva a decir, refiriéndose a Barcelona, “ este pueblo era
un infierno de lascivia, una Babilonia y se ha empeorado después que le gobierna un zardanápalo…”, el “zardanápolo” era el Conde de Ricla, Capitán General de Catalunya y Secretario de la Guerra después, con el que estuvo en permanente conflicto. Un conflicto que mostrará otros rasgos más humanos del Obispo cuando se produce la revuelta de las quintas de 1773 y donde después de una cruel represión con 14 muertos, protege a los rebeldes que encuentran cobijo en la Catedral.
Así pues, Josep Climent fue un hombre de carácter fuerte, enérgico y resolutivo, que en el caso que nos ocupa, la construcción del primer Cementerio fue determinante. El 13 de Marzo de 1775, dos días antes de presentar su renuncia, inaugura el nuevo cementerio de Barcelona, dentro del municipio de Sant Martí de Provençals, sus obras habían comenzado dos años antes, y en Octubre se vuelve a su Castellón natal.
Dibujo basado en un plano de 1780, en el que aparece el camino al Cementerio.
Aquel cementerio tenía una planta rectangular, con altos muros para evitar las profanaciones. La capilla de su interior no animó a los creyentes a frecuentar un paraje despoblado y solitario. Tras la expectación inicial el nuevo cementerio contó con la oposición y rechazo de los habitantes de Barcelona, que siguieron durante unos años enterrando a sus difuntos identro de las murallas y sólo sirvió como sepultura de los pobres que morían en el hospital, acabando como osario y entrando en un periodo de abandono, hasta que en 1813 las tropas napoleónicas lo destruyen por motivos de “estrategia militar”.
En 1818 se inicia, en el mismo lugar que el anterior, la construcción del nuevo Cementerio del Este, bajo el impulso del Obispo Sitjar, por el joven arquitecto Antonio Ginesi, encargado del proyecto, y fue inaugurado al año siguiente, cuando aún estaba inacabado.
Pero también éste nuevo recinto por su misma ubicación, granjeó muestras de rechazo y generó rumores y leyendas, como las que nos muestra el etnólogo y folclorista, Joan Amades: "Quan va inaugurar-se el cementiri que avui qualifiquem de Vell, al Poble Nou, que vingué a substituir els parroquials, la seva rodalia estava molt despoblada; sobretot de nit, baixaven molts llops, que furgaven les fosses i devoraven les restes dels difunts. Tant es així que l'any 1826 el municipi es veié obligat a prendre mesures per esquivar els llops del cementiri. El cas arriba a coneixement del veinat, que s'esborroná i promogué un moviment de protesta i de resistencia a concórrer al cementiri per por que els familiars difunts no fossin devorats pels llops.La gent posa molta resistencia a no enterrar els difunts als fossars parroquials. Deien també que els fossers, allí, en aquell desterrament, ningú no els veia i desenterraven els difunts i es venien les despulles per fer botifarres i per fer sabó; igualment pretenien que els robaven les joies i les robes bones. Es contava d'una noia molt rica que la van enterrar tota enjoiada i ais tres o quatre dies les joies que portava les compra una párenta de la difunta a un argenter de l'Argenteria per a una noia que li havia d'ésser nora. /../
Quan es van abolir els fossars parroquials i es funda el cementiri Vell s'establí a Barcelona el costum d'enterrar en nínxol, puix que fins aleshores s'havia sepultat a térra. Va correr la veu per la ciutat que els penjats i condemnats no els fóra permés d'ésser enterrats en nínxol, que aleshores passá a ésser enterrament distingit, i hom digué que era obligat de colgarlos a terra. Entre el veïnat es desperta aversió a deixar els difunts a térra, puix deien que feia condemnat, i totes les famílies van fer grans esforcos per comprar una sepultura, que aleshores costava quatre duros, per assegurar-se que ni ell ni cap dels seus havien de sepultar-se com els penats. Entre la gent humil posseir un nínxol es considerava com una propietat important i donava certa categoria." Traducción al castellano 
Grabado de mediados del siglo XIX, con el cenotafio diseñado por Ginesi.

6 de junio de 2011

ALGUNAS SIMBOLOGÍAS EN EL CEMENTERIO

   Un dibujo de la entrada del Cementerio de 1841

 La simbología de la muerte, con su precisa iconografía, tiene un lenguaje particular. Más allá de las cruces presentes en todo cementerio cristiano, se nos muestran ornamentos que poseen un contenido alegórico que a veces se nos escapa a la atención y que aquí desentrañaremos, sabedores de que estamos muy lejos de interpretar la mayoría de mensajes que encierran lápidas y mausoleos.
La particularidad de este cementerio ya se nos muestra desde la entrada. En la fachada diseñada por Antonio Ginesi destacan dos pirámides a ambos lados del pórtico de acceso. El cementerio que proyectó Ginesi es de estilo neoclásico pero incluye ciertos detalles o motivos que le valieron una agria polémica con academicistas y religiosos intransigentes. Creo personalmente que detrás de esas heterodoxas pirámides, no sólo se esconde la inspiración egipcia, tan de moda por aquellos tiempos, sino quizás algo mucho más sólido, la representación de un orden, de una jerarquía espiritual, del "ojo que todo lo ve". En definitiva, que podría ser un símbolo de significación masónica. Aunque no tenemos ninguna noticia de que Ginesi, arquitecto, vicecónsul de la Toscana y muerto prematuramente en 1824, tuviese vínculos con dicha sociedad secreta, de hecho la misma arquitectura como disciplina forma parte esencial de dicha doctrina y por tanto no es tan raro que podamos relacionarla con un elemento tan característico.
Dejando a un lado esa hipótesis, entretengámonos sin pasar de la entrada aún con otros símbolos más "vulgares", que se repiten tanto en las columnas como en la verja que rodea la plaza semicircular ajardinada de la entrada, todo posterior a Ginesi. Se trata de un símbolo también presente en lápidas y detalles del interior del recinto: la Adormidera.  La amapola del opio simboliza el sueño y la muerte, en definitiva, "el sueño eterno". Es una visión dulce de la muerte, casi lasciva.

Otro símbolo que se repite sobre todo en los mausoleos, son de hecho dos: la primera letra del alfabeto griego y la última, Alfa y Omega, A y Ω. Significan el principio y el fin. Y aquí no es sólo la metáfora de la vida sino también como se denomina a Jesús en el Apocalipsis, en quien el fin se convierte de nuevo en principio.


Detengámonos ahora en uno de los mausoleos del departamento tercero. Se trata de un panteón bien conservado perteneciente a la familia de Josep Feliu Gusiñé, un rico hacendado barcelonés, y veremos como en dicho conjunto, firmado por J. Barba, se desarrollan los temas simbólicos que antes hemos apuntado, más otros que son más evidentes.


Pues evidente es la profusión de ángeles en diversas actitudes, ya que además de los del exterior, hay representados dos más en la pequeña capilla interior, formando parte de un mosaico que rodea a un talla en mármol de un Jesucristo en la cruz, especialmente bello. Los ángeles son la guía de las almas, los guardianes de la tumba y expectativa o promesa de paraíso celestial.
A ambos lados de la construcción aparecen en relieve nuestras letras, Alfa y Omega. La primera con un adorno floral de rosas, amor y belleza, y la última, con las adormideras, el sueño eterno.



16 de mayo de 2011

:::::::::::::::::::::: CENOTAFIOS ::::::::::::::::::::::

Desde la entrada al Cementerio del Este se avista un Cenotafio

Un Cenotafio es una tumba simbólica, un monumento funerario vacío. Si bien hay muchos erigidos a las víctimas de desastres o guerras, la mayoría se refieren a personalidades o a determinada parte de la población. Siguiendo este concepto que podríamos calificar de algo clasista se erige en el centro del inicial Cementerio de Este, en medio de una placita octogonal, un Cenotafio que con cuatro lápidas hace referencia a las víctimas de la fiebre amarilla (la peste groga) que asoló Barcelona a finales de 1821 y principios de 1822. Mención especial merecen los médicos, regidores municipales y clero. La llamada fiebre amarilla se cobró la vida de entre 8.820 y 8.850 personas.

El Cenotafio con una de las lápidas que pide la oración para las víctimas.

Un detalle de la placita dominada por el Cenotafio.

El propio Antonio Ginesi, el arquitecto del nuevo cementerio, fue el que diseñó este cenotafio antes de morir en 1824 y que sería tal como se nos muestra en un dibujo de LLuis Rigalt. En 1895 fue recontruido siguiendo bastante fielmente el original, elevando eso sí el zócalo.
Pero en el Cementerio del Este hay otros cenotafios ...


13 de abril de 2011

INDIOS SIOUX EN EL CEMENTERIO...?

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William F. Cody
"El 22 de gener del 1890 el circ de Buffalo Bill va embarcar al vaixell Bellver per dirigir-se a Nàpols. Darrere van deixar un record simpàtic i tres morts que, diuen, han de ser en algun nínxol del Cementiri Vell". Así acaba el episodio de "Mites i gent de Barcelona" en el que Jose Mª Huertas se hace eco de la visita que el conocido showman americano, con su "Buffalo Bill's Wild West", hizo a Barcelona a finales del 1889, y en el que nombra la creencia reproducida en bastantes artículos de que unos indios sioux que murieron en su circo fueron enterrados en el Cementerio de Este.
William Frederick Cody (1846-1917), más conocido como Buffalo Bill, fue un conocido explorador, cazador y empresario de espectáculos. Pero a parte de matar bisontes y rastrear para el ejército, muchas de las gestas que se le atribuyen forman parte de la ficción con que el novelista Ned Buntline adornaba una serie de entregas noveladas sobre la conquista del Oeste y que le tenían como protagonista. Buffalo Bill tuvo la idea de recrear en un gran circo ecuestre todas las escenas tradicionales de la conquista y que de hecho nos son familiares pues las habremos visto repetidas en infinidad de películas. Pero el éxito de Cody fue traer personajes o grupos que el gran público sólo conocía a través de las notícias o esos relatos por entregas. Incluso incluyó en sus giras a Wild Bill Hickok, pistolero y después sheriff, o a Toro Sentado, el jefe Sioux de Little Big Horn. Así a partir de 1882 inicia lo que sería el espectáculo "Buffalo Bill´s Wild West" y que mantendría con algunos cambios hasta el 1905.

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Mapa de las giras europeas del espectáculo
En 1889 inicia su segunda gira europea que lo llevará a París, donde tiene lugar la Exposición Universal, un tipo de evento que generalmente va unido al éxito del espectáculo, y después se detiene en Marsella, donde dos indios enfermarán y morirán, uno de tifus y el otro de viruela.

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Dibujo de la revista "Ilustración Artística"
El día 18 de diciembre llegan a Barcelona para instalarse en lo que podría definirse como un gran hipódromo en terrenos de la Vila de Gràcia, a las afueras de Barcelona, a la altura de la calle Provenza y Aribau, con entrada por Muntaner. Traen sus bisontes, sus cowboys, sus indios "indomables", Buffalo Bill y también una pequeña joven que pasaría por ser la mejor tiradora de su tiempo, Annie Oakley.
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Annie Oakley
El 21 se inaugura lo que se anunciaba como una "Gran Exhibición Norte Americana de las animadas escenas y costumbres de la vida de los indios fronterizos", de los que en un diario se aseguraba "que no se les permite salir a no ser que vayan acompañados de personas de confianza de la compañía, pues son temibles y cometen toda clase de desmanes". Baste decir que en estos días circuló el rumor de que
los pieles rojas
habían secuestrado a
dos niñas pequeñas para después comérselas (!).
La estancia duró cinco semanas, pero a parte de la expectación inicial no gozó del éxito esperado si lo comparamos con el de otras ciudades europeas, a ello contribuyó el mal tiempo lluvioso que les acompañó y la coincidencia de dos epidemias de gripe y viruela. Dos indios cayeron enfermos y fueron ingresados en el Hospital de la Santa Creu, de la calle Hospital, de donde curados saldrán el 27 de Febrero. Morirá, eso sí, el jefe de pista, el coronel Frank Richmond.
Pero la prensa de entonces informa que varios indios de la compañía murieron en Barcelona a causa de las enfermedades, incluso algún escrito eleva la cifra a diez, aunque tales defunciones no aparecen en los registros. Eso es lo que nos dice Jordi Marill en su libro "Aquell hivern..L'espectacle de Buffalo Bill a Barcelona"*,en el que ha estudiado la documentación al respecto. Así, la afirmación de que los indios muertos están en algún nicho del Cementerio del Este parece formar parte de las leyendas urbanas de aquel tiempo.También
hay que tener en cuenta que ya para entonces se había inaugurado el nuevo cementerio de Montjuic, o que en caso de ser enterrados lo serían en una fosa, quizá como impenitentes. Para Jordi Marill es ciertamente muy cuestionable tanto la muerte de los indios en Barcelona como su enterramiento, al no encontrar ningún registro oficial, aunque creo que quizá nunca se tenga la absoluta certeza al respecto.
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"Little Chief", indio Oglagla que participó en el espectáculo.

*
Aquell hivern..L'espectacle de Buffalo Bill a Barcelona, Jordi Marill Escudé, Olañeta Editor, 1998.