12 de julio de 2010

EL CEMENTERIO PROTESTANTE

Desde finales del XVIII la industria textil en Catalunya se desarrolla gracias al impulso del capital británico, antes en las zonas rurales ("la bergadana") que en Barcelona, para aprovechar los saltos de agua y los pobres salarios. Así pues en Sant Martí de Provençals, el Poblenou, se sigue aún con el blanqueo de las telas, el tintado, los tejidos finos y los estampados. Pero es a partir de 1833 en que se comienzan a instalar los primeros motores de vapor, cuando se impone de forma arrolladora la mecanización. Esta renovación tecnológica supone una fuerte inversión en maquinaria y una afluencia de "capital humano",que en forma de técnicos y directivos hace que vengan a Barcelona numerosas familias de creencias protestantes. Ese cambio social es el que lleva a autorizar a mediados del siglo XIX la construcción de recintos no católicos,  y así fue como en el Cementiri de l'Est se habilitó un espacio particular, con las tumbas en el suelo al uso protestante.
Pero con el tiempo ese devenir sociológico iría en retroceso y este espacio fue dejándose al abandono, hasta que en el 1985, a diferencia de lo que ocurriría en el de Santander, se decide su desaparición, lo que lleva a la amputación de ese gótico paraje, que sería sustituido, una vez rellenado de cemento, por un lugar ocupado hoy en su mayoría , por tumbas de etnia gitana, otro concepto en la creencia, donde se combina cierta ostentación con la expresión de esas ganas de vivir al límite tan propio de los gitanos.



De aquel romántico cementerio protestante ya casi nada queda, sólo esos cuatro elementos que siguen, esparcidos por los parterres, aunque en uno en particular, el del angelote amputado, creo reconocer al mismo que ostentaba aquella tumba a la que mi amigo y yo dedicamos un bello relato de amor y muerte. Su moradora había muerto, quien sabe si por aquellas fiebres que azotaban la ciudad, a la tierna edad de 17 años. Su nombre quedará para siempre en mi memoria VIOLET ROSE ALEXANDER.